No son las memorias de una actriz. No es el recorrido triunfal, ampuloso y ególatra por las mecas del cinema, en los lujosos ambientes, entre grandes y poderosos personajes. Son, simplemente, las confesiones de una mujer que no busca otra cosa que el reino perdido de la infancia…Este libro es la narración de sus transformaciones y luchas, de sus éxitos y fracasos, de sus amores y de su soledad. Vivir no es tarea simple para nadie. Liv Ullmann se enfrenta a cada episodio de su existencia con alegría y lucidez. Y éste es el relato más sincero de todo ello.
Este libro suyo es hermoso. Sencillo, cálido, lleno de reflexiones interiores. La autora no tiene complicaciones para exponerse nítidamente ante el lector, y muestra un don innato para la auto-crítica. Se analiza objetivamente, con total sencillez. Es severa consigo misma; no se alaba ni ensalza. Es directa, no da rodeos, no pierde el tiempo ni divaga. Habla serenamente de lo que los demás dicen de ella displicentemente. Es inmune a eso. Tiene un estoicismo gigantesco pero al mismo tiempo rebosa ternura. Ama a su hija, la lastima el haberse separado de Bergman, al que abandonó sin dejar de admirar y respetar.
Es una autobiografía sin penas ni reproches. Relajada, satisfecha, realizada, feliz. Se trata de una actriz cuya talla humana es demasiado grande para aclimatarse en Hollywood. Rechaza la sofisticación de esa ciudad llena de astros de cine, donde hay mucho lujo y falsedad, donde los escusados parecen tronos y donde las piscinas están climatizadas. Prefiere su natural y apacible Noruega que no está deshumanizada por el consumismo, y su teatro local, donde su trabajo es tan auténtico.








